martes, 29 de diciembre de 2015

HISTORIETA ARGENTINA: cuando el EXITO llega PRIMERO AFUERA


 Reproducimos el artículo de  
 para el diario La Nación del 29/12/2015

 

Historieta argentina: cuando el éxito llega primero afuera

El fenómeno de un género con exponentes que brillan en el mundo

José Muñoz reside en Francia y a los 74 tuvo su primera gran muestra en el país
José Muñoz reside en Francia y a los 74 tuvo su primera gran muestra en el país.
La historieta argentina siempre tuvo nombres vitales, también en el escenario internacional. Pero la actualidad editorial alumbra una nueva cara del fenómeno: artistas locales celebrados y publicados en otros países antes que en su tierra natal.
Si bien existen dibujantes como Liniers, que publica sus tiras en la nacion y portadas para The New Yorker, y cuyos libros son elogiados aquí y allá (anteayer, The New York Times definió a Escrito y dibujado por Enriqueta como "un encantador e inusual tributo al niño como escritor y artista"), esta popularidad ubicua es más bien la excepción.

La reciente aparición de El eternauta en Estados Unidos es la excusa perfecta para pensar cómo la historieta argentina se define hoy por su relación con el extranjero. Permitámonos preguntarnos: ¿qué habría pasado si la historieta de Oesterheld y Solano López hubiera sido creada hoy, en esta Argentina donde las revistas especializadas se cuentan con los dedos de una mano y donde es prácticamente imposible vivir del medio sin publicar en el exterior? Probablemente la respuesta sería que primero se habría publicado afuera.
¿Habría tenido entonces El eternauta posibilidades de convertirse en ese clásico? ¿Podría hablar de forma tan directa sobre la Argentina, sobre el género y conjugar ambos, idiosincrasia e instinto narrativo? ¿O hubiera sido una obra menos popular, por haberse ajustado a ese primer mercado extranjero?




Desde siempre y en todos los instantes ha habido cruces que implicaban trabajos para el exterior, sea Italia, Francia o Estados Unidos el destino, por parte de autores locales: el mismo Solano López, dibujante de El eternauta, trabajando para la editorial inglesa Fleetway, o Arturo Cazeneuve para el mítico estudio neoyorquino de Eisner & Iger en los años 40 (Will Eisner es considerado el padre de la historieta moderna y la novela gráfica en los Estados Unidos). Son sólo dos nombres de decenas de "embajadores", que incluyen nombres clásicos, como Alberto Breccia, Hugo Pratt, Jorge Zaffino, o contemporáneos, como el mismo Liniers, Lucas Varela, Ariel Olivetti o Ignacio Noé. Pero más que nunca hoy ese vínculo entre autores locales y el extranjero define nuestras historietas, su realidad y posibilidades.

Es algo que queda muy en claro en la voz de Carlos Nine, un dibujante argentino que publica mundialmente desde hace décadas, de estilo celebrado y vanguardista, y que ha sido premiado en Angouleme (equivalente para la historieta del Festival de Cannes): "En Francia ya saqué 22 libros y acá recién el año que viene van a aparecer dos. Sólo había uno que se conseguía. Es una cosa que ocurre y, por ahora, no se puede modificar. La relación de cantidad entre los trabajos publicados afuera de autores locales y la edición local es muy desproporcionada. Y termina reflejándose en la popularidad".
A pesar de su historia y el cariño del medio, de haber hecho ilustraciones en varios medios locales y revistas como Fierro, Carlos Nine es un nombre más de una nueva categoría.




Una que define perfectamente Eduardo Risso, dibujante que ha sido nominado al Eisner (otra vez la analogía con el cine: el Oscar de la historieta industrial norteamericana) y que ha devenido un peso pesado dibujando series de culto como 100 Bullets y personajes como Batman o Superman, al decir "yo tengo más éxito en el exterior que en nuestro país". El rosarino, responsable del festival de historietas Crak Bang Boom, explica un poco esa dinámica que implica la publicación en el exterior y la poca repercusión local fuera del medio: "En los 90 casi perdemos toda la industria de la historieta. Hoy hay talleres, escuelas y carreras terciarias. A la industria nueva, la del libro de historieta reemplazando a la revista, hay que darle cierto tiempo. Tenemos un mercado muy pequeño en ese sentido. La pregunta es ¿cómo hacemos para conseguir nueva demanda?".


Viñeta de Lucas Nine, que publica en Europa y expone actualmente en el porteño Museo del Humor
Viñeta de Lucas Nine, que publica en Europa y expone actualmente en el porteño Museo del Humor.

 

Un caso ejemplar

Quien mejor define esa distorsión es, sin dudas, José Muñoz. La historieta argentina posee varias leyendas (Oesterheld, Pratt, Solano López, Quino), pero, al menos fuera del medio, pocas veces se menciona a Muñoz, residente en Francia desde hace décadas. Tal como lo define Art Spiegelman, autor de Maus, la historieta adulta que redefinió aquello que podía la historieta frente tanto a neófitos como fanáticos. "Muñoz es un autor excepcional como pocos, y es extraño pisar la Argentina y ver que no es celebrado como merece. Es muy importante para la historieta mundial."
A los 74 años, célebre primero en Francia (donde llegó a presidir el festival de Angoulemes), el propio Muñoz lo dice con claridad: "Me agradaría haber sido más publicado en mi casa, pero no puedo obligar a nadie a saber leer, ver, entender, distinguir y pagar nuestro trabajo".

En dupla con el guionista Carlos Sampayo, ha creado hitos modernos del medio (por su estética radical, su poesía y su ferocidad visual) y aquí únicamente se consiguen dos libros de su autoría (Billie Holiday y la nueva edición de Sudor Sudaca). Aunque este año tuvo revancha: a los 74 años, hasta septiembre último se presentó su primera muestra integral en el Palais de Glace (Obras 1974-2015). Sigue Muñoz: "Lo vivo un poco mal. Creo que corresponde preguntar el porqué de esta situación a los investigadores, antropólogos culturales y subculturales, divulgadores e historietólogos del lugar. Me satisface que Sudor Sudaca haya aparecido finalmente aquí, nació también para eso. Sentimientos, emociones, alguna alegría y muchos sufrimientos argentinoides de alta tensión expresiva, textual".



 ¿Bienvenido a casa?

Lucas Nine, hijo de Carlos e innovador por derecho propio, habla de primera mano de ese desfase entre ser celebrado afuera y el dispar rebote local: "Es una situación ambivalente: por un lado es lindo que tus laburos se vean y se comenten en algún lado. No es el caso mío solamente, sino de la mayor parte de los historietistas que hacen trabajos al estilo de novela gráfica. El mercado para este tipo de cosas suele estar en Francia y tiene un grado de satisfacción particular para alguien que en muchos casos creció leyendo el material que se publicaba ahí o tiene algún tipo de deuda cultural con el material que se publicaba en esa parte del mundo", reconoce el ilustrador, que actualmente expone sus trabajos en la muestra Concierto de Pianola, en el Museo del Humor de Costanera Sur (Avenida de los Italianos 851).





El "éxito" también lo explica Nine padre: "José Muñoz es apreciado por sus novedades estéticas. No lo vendemos como manga. Eso te da la pauta de que en otros países pueden apreciar al que vende, pero también al que trae una manera nueva de ver la historieta".
Diego Agrimbau, guionista responsable de El asco, La burbuja de Bertold y Cielo alto y la tira Los canillitas, que ha trabajado para Francia y Estados Unidos, asegura: "Si querés vivir de ser historietista, seas guionista o dibujante, tenés que trabajar para afuera, por los adelantos en moneda extranjera. Yo lo que trato siempre es de destinar una porción al mercado local, sea el papel o digital. Pero es importante no perder ese contacto, porque, en el caso contrario, terminás mareado, sin saber dónde estás parado".



Maneras de escalar el Everest

"Para mí, publicar en The New Yorker fue como escalar el Everest. Es más: fue como si me prepara para subir a un cerro y me dijeran que logré subir al Everest. Eso y que me edite Toon Books, la editorial de Francoise Mouly, directora de arte del semanario neoyorquino y responsable de gran parte de la historieta independiente norteamericana (incluyendo RAW, la antología que editó junto a su esposo, el historietista Art Spiegelman)." El caso de Ricardo Siri es la excepción que confirma la regla y muestra al historietista más famoso de la Argentina hoy bajo una bienvenida lupa. Dueño de La Editorial Común, además, Liniers hace fuerza desde su sello por publicar en el país materiales de sus colegas que se ven afuera. Como Té de Nuez, de Lucas Nine, que también ilustra esta página.

 








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