martes, 21 de octubre de 2014

LA ECONOMIA según MAFALDA

Reproducimos el artículo del diario La Nación, del domingo 19 de octubre de 2014




La economía, según Mafalda: cincuenta años; los mismos temas

En un mundo muy diferente al que había cuando nació la tira, hoy se repiten los mismos problemas macroeconómicos y el deterioro en el nivel de vida
Por   | LA NACION

Detrás de una enorme caja con dos docenas de paquetes de fideos que carga en sus brazos, Manolito camina por el almacén de su papá. A grandes pasos, avanzan también sus pensamientos: "¡¡Primavera!! ¡Como si la primavera cambiara la situación!", se queja su voz interior. Por la mente del niño con los pelos como un cepillo, desfilan esas frases que con la llegada de cada 21 de septiembre, nunca falta quien diga, como eso de que la primavera es la estación más alegre... "¡Como si el déficit se arreglara con carcajadas!", refuta el amigo de Mafalda. "¡Como si la inflación se frenara con margaritas!", se lamenta al recordar a quienes celebran que haya flores por doquier. En otra viñeta, Manolito se detiene y acomoda latas, mientras que a sus pensamientos acude la idea de que en la primavera llegan golondrinas desde lejanos países. "¡¡Como si la balanza de pagos se nivelara con pajaritos importados!!", se indigna.
Déficit, inflación y problemas en la balanza comercial son tres temas recurrentes en la Argentina. Y son varias las referencias a ésas y otras cuestiones de la economía que se leen en la tira de Mafalda, publicada originalmente entre 1964 y 1973. En un país que repite ciclos, la historieta sigue vigente como reflejo de problemas sociales, varios de ellos muy agravados respecto de aquellos años, como la pobreza.
En un mundo muy distinto al actual, en el que muchas miradas se posaban sobre China, pero no aún por su poderío comercial, y en el que había una oleada del movimiento de liberación femenina, Mafalda, sus padres y sus amigos expresaban preocupaciones dictadas por sus bolsillos y sus expectativas de nivel de vida, que bien podrían identificarse con las de un argentino de hoy.




Eran años aquellos en los que en el país se daba un proceso de industrialización, a la par de la llegada a los hogares de bienes durables.
El origen de la historieta tiene que ver con ese fenómeno. El personaje fue pensado para una publicidad que nunca vio la luz. Joaquín Lavado, Quino, dibujante y "padre" de la genial Mafalda, contó más de una vez cómo fue ese inicio: la agencia de publicidad Agens lo convocó porque la fábrica Siam Di Tella iba a lanzar unos electrodomésticos con la marca Mansfield; la idea era ofrecer a los diarios, sin costo, una tira en cuyas viñetas se vieran los productos sin que los personajes dijeran nada sobre ellos. Eso no prosperó, pero el material que había preparado Quino dio nacimiento a la historieta, que comenzó a publicarse hace 50 años en la revista Primera Plana.

Reflejo de la llamada sociedad de consumo, al hogar de Mafalda llega un día el televisor, en el que se verán luego publicidades de productos que prometen felicidad. En una época en la que se estaba muy lejos de la cantidad de artículos con los que hoy tienta el continuo avance tecnológico, Mafalda se pregunta qué pasará cuando se llegue a la "saciedad de consumo"... Y su amigo Miguelito reflexiona sobre lo que implica trabajar y trabajar para tener más y más cosas.
El Citroën 3cv (el Rana) es otra conquista de esta familia de clase media. El padre decide comprarlo en un plan de cuotas, que luego lo obligará a revisar o postergar gastos, para que sus ingresos de asalariado resistan.
Durante un verano, sentada en la playa, Mafalda toma un puñado de arena que dura muy poco en su mano. "¡No hay caso; se va, se va!", dice la nena, que en el cuadro siguiente observa cómo "unos míseros granitos" resistieron en su palma. Desde su lona, el papá le suplica: "¡Basta con esa maldita alegoría del sueldo!".




Según el informe "Dos siglos de economía argentina", publicado por la Fundación Norte y Sur, que preside el economista Orlando Ferreres, desde mediados de la década del 40, y con el paréntesis de los 90, la inflación -y el consecuente deterioro de ingresos- fue una constante. En 1964, los precios al consumidor subieron 22,1%, mientras que en 1973, cuando Mafalda se despidió de la tira, el índice trepó a 60,3 por ciento. "Desde 1945 hasta 2004 fue de 74% promedio anual", dice Ferreres respecto de la inflación, que hoy ronda el 40 por ciento.
En los 60, dice el economista Daniel Heymann, profesor de la Universidad de San Andrés, la alta inflación no afectaba a muy pocos países -como ahora-, sino a toda la región. En la Argentina, hacia el final del decenio llegó el primer cambio de moneda, forzado por la depreciación del peso moneda nacional, nacido en 1881.
En tiempos de Mafalda, el dólar no era visto como vehículo de ahorro, pero la emisión monetaria sí era un tema. Asombrado por lo "planchaditos" que le llegan los billetes, Felipe, el amigo de Mafalda con dientes prominentes, es "aleccionado" por Manolito, siempre interesado en la economía (y quien suele emocionarse por haber visto crecer los precios desde chiquitos). El niño almacenero dice que los billetes no son wash and wear (expresión que remite a las prendas que se lavan y se ponen o listas para usar) como cree Felipe, sino best sellers, por el número de ejemplares.




Recurrente es también, según Ferreres, la política de control de precios. Cuando Mafalda escucha sobre valores máximos de bienes, se pregunta: "¿A cuánto estará la sensatez? ".
En uno de los episodios, Raquel, la mamá, vuelve de hacer las compras y se lamenta de lo caro que está todo. La queja es tan repetida en la historia (de la tira y del país) que Mafalda le pregunta cómo se le ocurren frases "tan, pero tan originales". En el cuadro siguiente, la nena aparece con una planta de lechuga de sombrero, signo del malhumor de la mujer.
Ferreres sostiene que la clase media argentina refleja, en sus quejas, la desilusión por lo que se le prometió que podría llegar a ser: "Hay un problema de frustración, porque se esperaba que pudiéramos vivir como en Canadá o Australia, que son países con la misma estructura productiva".
"Aquella clase media heterogénea, conmocionada por las transformaciones, pero capaz de proyectarse y tener una identidad común, sufrió sucesivas embestidas en las décadas que siguieron a los 60 -señala Isabella Cosse, socióloga, investigadora del Conicet y autora del libro Mafalda: historia social y política (FCE)-. Pero lo interesante es que Mafalda logró dialogar con la identidad de la clase media y los fenómenos que afectaron a las sociedades contemporáneas en su conjunto."

Mujeres al ataque

Un fenómeno de la época fue el del movimiento de liberación femenina. Mafalda no entiende que su madre haya abandonado una carrera para ocuparse sólo del hogar.
Y al tiempo que ella sueña con trabajar de intérprete en Naciones Unidas, su amiga Susanita expresa hasta el hartazgo su deseo de convertirse en esposa y madre, y rechaza la idea de "ser una de esas afeminadas que trabajan en cosas de hombres" (arquitecta, abogada o médica). Cambios en pleno proceso.
Entre esos nuevos aires, señala Heymann, estaba la irrupción de "los ejecutivos", una categoría ocupacional que llegó de la mano de multinacionales. "Don Manolo [tal el nombre del padre de Manolito y también de su local] es símbolo de la economía de almacén, que empezaba a cambiar por el modelo de supermercados y otras formas de comercio", explica el economista. Manolito ofrece productos especiales para ejecutivos y proyecta ser dueño de una cadena de supermercados.
Lo que entonces visualizaban finalmente llegó. Tanto los grandes centros comerciales como la participación de la mujer en el mundo laboral. Según el sociólogo Agustín Salvia, la inserción femenina llegó con más fuerza en los 80, y por dos vías bien diferentes: la necesidad de ingresos en hogares pobres (de allí el empleo doméstico) y la mayor inquietud por carreras universitarias.




Otro rasgo del mundo laboral diferencia las épocas: Salvia señala que en los 60 la formalidad era la regla, mientras que hoy prácticamente la mitad de los ocupados no tiene aportes.
La informalidad está vinculada a la pobreza, que ahora y según estudios privados como el de la UCA, ronda entre 25 y 30 por ciento. Ironías de la historia: al igual que en 1964 (entonces porque aún no se había desarrollado el sistema de mediciones), este año la Argentina no tiene estadísticas oficiales de pobreza. El Indec, herido en su credibilidad, dejó de difundirlas luego del intento de "sinceramiento" del índice de inflación, manipulado desde 2007. Aplicar precios más realistas al valor de las canastas de productos consideradas en el cálculo de los índices habría provocado un salto en la tasa oficial de pobreza (la última fue de 4,7%), no tolerable para el discurso kirchnerista.
A principios de los 80, la pobreza urbana rondaba 8%. Con la inflación y con políticas que sembraron deterioros, luego subió, y mucho. Influyeron con fuerza las migraciones a los centros urbanos desde otros países y desde el interior. En los 60, un 25% de la población era rural; hoy ese índice es cercano a 9 por ciento.




Cuando Mafalda se preocupa por la realidad social y por cuestiones como la paz, alude a todo el planeta, que dicho sea de paso, también repite viejos vicios. Más allá de esa universalidad, hay escenas en las que ella se angustia al ver ranchos de pobres y chicos que trabajan. Lo que no vio en su época fue el afianzamiento de las villas urbanas. "A principios de los 70, de las villas se iba más gente de la que llegaba", relata Salvia. El nombre de villas "de emergencia" responde a que la intención no era quedarse. "Las villas eran transitorias porque había movilidad; la venta de loteos populares organizada por inmobiliarias permitía el acceso a terrenos, pero eso terminó en la dictadura, y en los 80 llegó el giro del espacio transitorio al espacio asentado", dice el investigador del Conicet. Lejos de aquella idea de transitoriedad, hoy se afianza el negocio inmobiliario hacia el interior de las villas.
Figurita repetida, la inflación daña más a los pobres. Y el alza de precios, advierte Heymann, es la síntesis de un proceso de inestabilidad económica que caracteriza la historia reciente, básicamente debido a tres factores: la falta de un esquema fiscal ordenado (hubo déficit en los 60, los 70 y los 80); la puja entre precios y salarios, y la discusión sobre el tipo de cambio. Tres temas de hoy.




Otra cuestión cíclica, dice Heymann, es el debate sobre la sustitución de importaciones. "¡Qué mala pata! Justo viene a tocarnos un mundo lleno de países extranjeros!", protesta Mafalda, tras escuchar que los precios y las trabas aduaneras dificultan las exportaciones.
"En 1964 se importaba y se exportaba poco. La economía miraba hacia adentro", explica Marcelo Elizondo, director de la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI). Los productos importados venían de Europa y Estados Unidos, mientras que el único proveedor de Oriente era Japón. Además de radios made in Japan, en la tira se ven pequeños objetos, como el sacapuntas de Manolito, a quien le parece una maravilla que, tan lejos, alguien haya invertido capital para desarrollar un producto que a él le permite agregarse a la "inmensa cadena de poderío comercial"... Le saca punta a su lápiz y luego sí le escribe a su clienta Tota: "Debe un envase de pecsicola".
Con mayor conciencia ambiental, hoy la botella retornable está de vuelta. Como el déficit y la inflación.
Sentados en el cordón de la vereda, Mafalda y Felipe hablan sobre tangos que reflejan el drama de quienes, sin poder olvidar el pasado, recaen en viejos vicios. La viñeta final revela que el comentario responde a que Guille, el hermanito de Mafalda, volvió a usar chupete. La metáfora, sin embargo, bien vale para el país.



Reflexiones que no son un dibujo

Mafalda y sus amigos representan un cuestionamiento social hoy vigente
Inquieta y sensible
Tiene 6 años; siempre curiosa por lo que pasa en el país y en el mundo, se angustia por la guerra y la pobreza.
Emprendedora
En pleno movimiento de liberación femenina, se propone ser profesional
y juega a ser presidenta.
También dice...
"Parece que si empezás en una cuna miserable y terminás en un ataúd de lujo, has triunfado en la vida"
Jefe en el hogar
Su familia es de la clase media a la que empiezan a llegar bienes durables, como el televisor y el auto
.
Empleado en la oficina
Trabaja mucho y está preocupado por su sueldo; acepta endeudarse y controla el gasto familiar.
Ama de casa
La mamá de Mafalda y de Guille dejó su carrera para ocuparse del hogar, algo que su hija no quiere repetir



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La queja indexada
De ella y otros adultos se leen lamentos por la inflación, que durante los años de la tira fue una constante.
Pasión por el bolsillo
Amigo de Mafalda, es hijo del almacenero; trabaja en el local y le gusta el dinero
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Un sueño capitalista
En tiempos en que se habla muchos de ejecutivos, sueña con ser millonario y dueño de una cadena comercial
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Compren, compren...
A tono con la época, hace publicidad de Don Manolo en cada ocasión que puede.
A la caza de su casa
Rechaza la idea de trabajar cuando sea grande; como el país se industrializa, ubica a un empresario fabril en su sueño de tener marido, hijos y un buen pasar
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Una mirada desigual
Dice que, de señora, organizará un gran banquete para recaudar fondos y poder comprar a los pobres "esas porquerías que comen ellos."
La vida es una pregunta
Es uno de los amiguitos de Mafalda y comparte el rasgo de ser muy curioso
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Deslomarse y comprar
Expresa cuestionamientos a la sociedad de consumo: "¿Te imaginás la de porquerías que estarán inventando, para vendernos en cuotas, los organizadores de nuestro futuro deslome?", le pregunta a su amiga..





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